viernes, 18 de julio de 2008

VARIEDADES LINGUÍSTICAS



DIVERSIDAD LINGUÍSTICA
La lengua es un código de comunicación compartido por todos los hablantes de una misma comunidad lingüística. Es decir: todos los habitantes de una comunidad lingüística cuentan con los fundamentos necesarios para poder comunicarse entre ellos.
La fuente geográfica del hablante, su origen social y la situación comunicativa dan lugar a la aparición de tres tipos de variedades lingüísticas.
Las primeras son las variedades geográficas, también llamadas diatópicas. Son los dialectos. Estas son las más obvias, y en las que todos pensamos cuando hablamos de diferencias lingüísticas. En tal sentido no habla igual un catalán que un manchego; un español que un argentino. A pesar de que todos ellos utilizan el mismo código y, sin ningún problema, podrían establecer una conversación entre ellos y entenderse perfectamente.
Las segundas son las variedades sociales o diastráticas. Llamados sociolectos, los cuales identifican a los hablantes como miembros de un determinado grupo social. Aquí se incluyen los grupos cuya forma de hablar identificamos con la lengua vulgar, o las diferentes jergas juveniles, o la forma de hablar de grupos sociales marginales, por ejemplo. De la misma manera, son sociolectos las variedades cultas, las utilizadas por doctores e investigadores universitarios en sus publicaciones, la jerga utilizada por los médicos, o la que usan los abogados…
Las terceras son las variedades funcionales o diafásicas. Se les conoce como registros lingüísticos. Estos registros surgen en función de las características de la situación, o del contexto comunicativo en el que se encuentra el hablante. Por ejemplo, el registro coloquial lo utilizamos en situaciones informales, como entre familiares o amigos. En otras situaciones más formales nos esforzamos en utilizar el idioma con toda la corrección de la que somos capaces, como cuando hablamos con alguien importante, o nos encontramos en una situación oficial, o damos un discurso. Tampoco le hablamos igual a un niño que a un anciano, a un conocido que a un desconocido. Todo ello implica contextos comunicativos distintos, y para cada contexto buscados el registro más adecuado.